Siento profundamente ese peso de la ausencia; es un dolor que merece ser escuchado con respeto y sin prisa, porque cuando el alma grita en la necesidad, lo primero no es explicar el silencio, sino permanecer junto a quien lo sufre. No quiero ofrecerte respuestas rápidas ante una herida que está abierta, sino simplemente estar aquí, reconociendo que esa sensación de abandono es real y agotadora.
San Anselmo de Canterbury expresó con una honestidad desgarradora esta misma experiencia de buscar a Dios en medio de la angustia y no encontrar el consuelo esperado, y sus palabras tal vez puedan acompañarte en este momento, no para solucionar nada, sino para validar lo que sientes:
«Señor, si no eres esto, ¿dónde te buscaré ausente? Pero si estás en todas partes, ¿por qué no te veo presente? [...] Anhelo verte y tu rostro está demasiado lejos de mí. Desea acercarse a ti y tu morada es inaccesible. [...] Oh, misera suerte del hombre, cuando perdió aquello para lo que fue creado. [...] ¡Ay de mí, infeliz, uno entre los otros infelices hijos de Eva, alejado de Dios! [...] Buscaba el descanso en mi interior y "encontré tribulación y dolor" en lo más íntimo de mí. Esperaba la alegría y he aquí de dónde se densifican mis suspiros» [4].
Ver que un santo y Doctor de la Iglesia gimió así, sintiéndose "alejado de Dios" y hallando "tribulación" donde buscaba paz, quizás no elimine el dolor, pero puede recordar que este silencio no significa que estés fuera de la fe o que algo esté irremediablemente roto en ti; es una tiniebla que muchos han atravesado antes.
Y aunque ahora no sea el momento de exigir certezas al corazón herido, Santa Teresa de Jesús nos deja un testimonio que guarda esperanza para cuando la tormenta amaine, recordándonos que hay una presencia que no depende de nuestro sentimiento actual:
«Yo sé de una persona que no había llegado a su noticia que estaba Dios en todas las cosas por presencia y potencia y esencia, y de una merced que le hizo Dios de esta suerte lo vino a creer de manera, que aunque un medioletrado [...] le dijo que no estaba más de por gracia, ella tenía ya tan fija la verdad, que no le creyó y preguntólo a otros que le dijeron la verdad, con que se consoló mucho» [1].
Esa certeza de que Dios está por "presencia y potencia y esencia", incluso cuando el sentimiento es de pura ausencia, es una verdad que el alma puede llegar a conocer más allá de la emoción del momento, como le ocurrió a Santa Teresa. No te pido que la sientas ahora, solo la dejo aquí como una pequeña luz reservada para cuando puedas mirarla.
Quisiera saber si estas palabras han logrado acompañarte un poco en medio de tu dolor, o si hay algo más que necesites expresar en este momento.