No conozco a Dios. ¿Por dónde empiezo?

Esa pregunta nace de un deseo que ya es, en sí mismo, un comienzo real. San Agustín nos recuerda que Dios no está lejos ni escondido detrás de una barrera inalcanzable, sino que es el aire mismo de nuestra búsqueda: "¿Dónde estás, Dios mío? He aquí donde estás. Respiro en ti un poco, cuando derramo

Esa pregunta nace de un deseo que ya es, en sí mismo, un comienzo real. San Agustín nos recuerda que Dios no está lejos ni escondido detrás de una barrera inalcanzable, sino que es el aire mismo de nuestra búsqueda: "¿Dónde estás, Dios mío? He aquí donde estás. Respiro en ti un poco, cuando derramo sobre ti mi alma con voz de júbilo y confesión […] y en esta peregrinación hemos recibido la prenda de ser ya luz, mientras somos salvados en esperanza y somos hijos de la luz e hijos del día, no hijos de la noche ni de las tinieblas, lo cual fuimos antes" [1]. Ese "respiro en ti" sugiere que empezar no es tanto un acto intelectual como una apertura vital; quizás el primer paso sea simplemente permitirte respirar hacia Él, aunque ahora mismo solo sientas la oscuridad o la duda.

Es muy natural que, al dar ese paso, sientas turbación o incertidumbre por no tener una experiencia clara o sensible de Dios. Santa Teresa de Jesús describe con mucha delicadeza esa desorientación inicial, validando que no saber todavía "adónde va, qué o quién la lleva o cómo" es parte del camino, y que "al principio de este momentáneo movimiento no hay tanta certidumbre de que es Dios" [2]. No necesitas tener esa certeza ahora mismo; basta con la voluntad sincera de dejarte llevar, como una paja que se deja levantar por el ámbar, confiando en que Alguien te sostiene incluso cuando tus sentidos no pueden percibirlo [5].

Y si en este inicio encuentras sequedad o silencio en lugar de consuelo, te invito a ver eso no como un fracaso, sino como una forma misteriosa de amistad. San Alfonso María de Ligorio nos enseña que "cuando Dios manda oscuridad y desolación, entonces prueba a sus verdaderos amigos […] quien persevera en la oración con aridez, Dios le hará una gracia mayor que si hubiera orado mucho con mucha devoción sensible" [3]. Empezar a conocer a Dios es, ante todo, aceptar estar con Él tal como eres y tal como lo sientes hoy, confiando en que esa oscuridad también es un lugar donde Él te está formando y esperando.

¿Te ayuda esta perspectiva a sentir que puedes dar ese primer paso con más paz, o hay algo más específico que necesitarías para orientarte en este comienzo?

Estas son las palabras de los santos y de la tradición. Si esta también es tu pregunta, habla directamente con Faith — gratis, privado, sin necesidad de cuenta.
¿Tu respuesta al porqué?

Fuentes

  1. [1] Sanctus Aurelius Augustinus — Confessiones
  2. [2] Santa Teresa de Jesús — El Castillo Interior
  3. [3] Sant'Alfonso Maria de' Liguori — Uniformità alla Volontà di Dio
  4. [4] Sanctus Aurelius Augustinus — Confessiones
  5. [5] Santa Teresa de Jesús — El Castillo Interior
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