Esa intuición que sientes es muy profunda y, de hecho, los testigos de la fe sugieren que tienes razón al sospechar de ella. El Concilio Vaticano II recoge una verdad antigua y luminosa sobre esta misma sensación de vacío: «Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» [4]. Esa falta que notas no es un defecto ni una falla en tu vida, sino la huella misma de tu origen; es el espacio que solo Dios puede llenar y la señal de que fuiste creado para una comunión con Él que nada más puede satisfacer plenamente.
Más aún, esa búsqueda tuya ya cuenta como un primer paso de confianza. Fray Luis de Granada pregunta con ternura a quien se siente así: «¿Qué te falta, sino fe viva y esperanza viva, para que te quieras fiar de Dios y arrojarte en sus brazos?» [1]. La respuesta implícita es que no necesitas tenerlo todo resuelto ni sentirte completo antes de acercarte; lo que se te invita es a dar ese paso de confianza, permitiendo que sea Él quien sostenga tu peso y quien, poco a poco, colme esa ausencia con su presencia.
Santa Teresa de Jesús anima también a no desanimarse si esa plenitud no se siente de inmediato, recordando que la búsqueda misma es valiosa: «Cuando no hay encendido el fuego que queda dicho en la voluntad ni se siente la presencia de Dios, es menester que la busquemos; que esto quiere Su Majestad [...] y no nos estemos bobos perdiendo tiempo por esperar lo que una vez se nos dio [...] Pues sabemos el camino como hemos de contentar a Dios por los mandamientos y consejos, en esto andemos muy diligentes» [2]. Tu pregunta honesta es ya parte de ese camino; Dios valora tu sed y tu sinceridad tanto como la certeza, y te acompaña en esta búsqueda aunque todavía no veas la orilla.
Espero que estas palabras hayan resonado con lo que llevas dentro y te hayan ofrecido un poco de luz en tu búsqueda. ¿Te ha servido esto para lo que necesitabas en este momento?