Siento el peso de esa pregunta y quiero permanecer contigo en ella un momento, sin prisas por aliviarla, porque la vergüenza y la culpa tocan fibras muy hondas del alma y merecen ser acogidas con respeto antes de buscar cualquier salida. A veces, en medio de ese dolor, lo más necesario no es una respuesta inmediata, sino saber que alguien está dispuesta a acompañar la herida tal como es.
Santa Teresa de Jesús describe con una ternura inmensa esa fragilidad que quizás resuena en lo que sientes ahora: «Algunas veces se siente el alma cobarde, y en las cosas más bajas, y atemorizada y con tan poco ánimo que no le parece posible tenerle para cosa: entiendo yo que la deja el Señor entonces en su natural para mucho mayor bien suyo; porque ve entonces que, si para algo le ha tenido, ha sido de Su Majestad, con una claridad que la deja aniquilada a sí y con mayor conocimiento de la misericordia de Dios y de su grandeza, que en cosa tan baja la ha querido mostrar» [2].
Me pregunto si esta forma de sentirte, tan desprovista de fuerzas, podría ser no un signo de ausencia o de condena, sino ese espacio "natural" y humilde donde la misericordia de Dios puede encontrarte tal como eres, sin exigencias ni disfraces. Quizás dejar atrás la vergüenza no sea un acto de fuerza propia, sino permitir que esa claridad divina te muestre que tu valor no depende de lo que sientes de ti misma en este instante, sino de la grandeza de Aquel que ha querido mostrarse precisamente en tu bajeza.
San Agustín también conoció esa oscuridad interior y la convirtió en una oración de esperanza: «¿Por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas? Espera en el Señor... siempre he de confesarle... Dios mío, que vivificará nuestros cuerpos mortales por el Espíritu que habita en nosotros, porque sobre nuestro interior tenebroso e inestable se cernió misericordiosamente» [4].
Tal vez el camino para soltar esa culpa no sea luchar contra ella en soledad, sino volver esa tristeza hacia la espera confiada y la confesión, permitiendo que el Espíritu que habita en ti haga su obra de vida y de misericordia sobre eso que ahora sientes tenebroso. No estás sola en este abismo; hay una mirada que te sostiene con piedad, incluso cuando tú no logras mirarte con compasión.
¿Te ayuda esta perspectiva a sentirte acompañada en lo que estás viviendo hoy?