Entiendo que esta pregunta nace de un lugar de profunda honestidad intelectual, y me pregunto si, más que un simple rechazo, no será también la expresión de un deseo de que la fe sea algo verdadero y sólido, y no un mero consuelo ilusorio. Lejos de ser una negación de la inteligencia, la tradición que me forma ve en la fe una luz que busca comprender, no anular, la razón misma. San Anselmo de Canterbury oraba así: «Señor, tú que das la inteligencia de la fe, concédeme que entienda, en la medida que sabes que conviene, que existes como creemos y que eres aquello que creemos» [6]. Esta súplica muestra que creer no es cerrar los ojos, sino pedir que la mente sea iluminada para reconocer una verdad que la desborda sin contradecirla; es un acto de confianza en que la realidad tiene sentido, no un abandono del pensamiento.
Quizás lo que a veces se percibe como debilidad sea, en realidad, el reconocimiento lúcido de nuestros límites, que es el único suelo firme donde puede crecer algo auténtico. El Catecismo nos enseña que «la tentación más corriente y más oculta es nuestra falta de fe [...] A veces nos dirigimos al Señor como un último recurso; pero, ¿verdaderamente se cree en Él? [...] En todos los casos, nuestra falta de fe revela que no tenemos todavía la disposición de un corazón humilde: “Sin mí no podéis hacer nada”» [1]. Reconocer que no somos autosuficientes no es estupidez, es la verdad de nuestra condición; la verdadera necedad sería pretender ser dioses de nosotros mismos cuando no lo somos.
Y si hay dolor o frustración detrás de tu pregunta, me pregunto si eso no será también parte de ese camino de purificación que la misma fe atraviesa. Se nos dice que «otra dificultad, especialmente para quienes quieren orar sinceramente, es la aridez [...] Es entonces el momento de la fe pura, que permanece fielmente con Jesús en su agonía y en su sepulcro» [2]. Permanecer en esa oscuridad sin huir hacia falsas seguridades requiere una fortaleza interior que nada tiene que ver con la debilidad; es, más bien, la prueba donde la confianza se vuelve real y madura.
Espero que estas palabras hayan acogido tu inquietud con el respeto y la seriedad que merece, y que te sirvan para seguir explorando con paz y libertad. ¿Ha respondido esto a lo que llevabas dentro con suficiente claridad?