Siento que esa preocupación pesa de verdad sobre ti, y quiero permanecer aquí contigo en este momento de agobio, sin apresurarme a ofrecerte soluciones ni palabras que intenten arreglar lo que ahora mismo se siente como una herida abierta. A veces, el simple hecho de que la paz se niegue a llegar es un dolor en sí mismo, y merece ser escuchado y respetado antes de buscar cualquier otro movimiento.
Cuando sientas que has podido respirar un poco dentro de esa realidad, tal vez puedas considerar que la paz verdadera no siempre se manifiesta como la ausencia de tormenta, sino como una forma de permanecer en ella. Tomás de Kempis describe este camino con una ternura inmensa: «Hijo, ahora te enseñaré el camino de la paz y de la verdadera libertad. [...] Esfuérzate en hacer la voluntad de otro más bien que la tuya. Elige siempre tener menos antes que más. Busca siempre el lugar inferior y estar sometido a todos. Desea siempre y ruega para que la voluntad de Dios se cumpla íntegramente en ti. He aquí que tal hombre entra en los términos de la paz y del sosiego» [2]. Quizás la paz que anhelas no llega porque estás luchando contra la realidad de tu propio dolor, y la invitación, aunque difícil, es permitir que Dios te sostenga justamente ahí donde no tienes respuestas, confiando en que Él cuida de ti incluso cuando no puedes sentirlo.
Es muy posible que, en medio de esta angustia, sientas también que tu oración es árida o insuficiente, pero quiero recordarte que esa misma dificultad puede ser un lugar de encuentro. San Alfonso María de Ligorio nos asegura: «No siempre la aridez es castigo, sino a veces disposición de Dios para nuestro mayor provecho, y para conservarnos en humildad. [...] Quien hace oración con dulzuras, no hace gran cosa. [...] Cuando Dios envía oscuridad y desolación, entonces prueba a sus verdaderos amigos» [1]. Tu preocupación y tu oración dolorosa no son señales de abandono, sino el espacio donde Dios está formando una confianza en ti que va más allá de todo sentimiento; estás siendo sostenido en lo invisible, aunque ahora mismo solo sientas el peso.
Espero que estas palabras hayan podido acompañarte en lo que estás viviendo hoy. ¿Te ha servido esto para sentirte un poco más comprendido en tu dolor?