Escucho el peso de esa pregunta y quiero quedarme aquí contigo, en ese lugar donde las palabras parecen no alcanzar y el vacío se siente como una presencia propia. No hay prisa por llenarlo ni por encontrar una respuesta que lo disuelva; a veces, lo más honesto que podemos hacer es simplemente reconocer que esa sed existe y que duele, sin intentar justificarla ni arreglarla de inmediato.
San Agustín, en un momento de profunda angustia y búsqueda, describió esta experiencia no como un fallo, sino como un grito que nace en lo más hondo del ser: «Yo había amado la vanidad y había buscado la mentira; y tú, Señor, ya habías glorificado a tu Santo […] Y clamaba la profecía: “¿Hasta cuándo, hombres de corazón duro? ¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira?” […] Yo oí esto y temblé, porque se decía a quienes yo recordaba haber sido» [3]. Me pregunto si este vacío que sientes, lejos de ser una pura ausencia, podría ser también esa voz antigua resonando dentro de ti, recordándote que fuiste creado para algo que ninguna cosa pasajera puede satisfacer, y que ese dolor es, en sí mismo, una forma de verdad.
Quizás esta sensación de falta no signifique que algo se ha roto irremediablemente, sino que estás siendo invitado a una pregunta más grande. El Papa Francisco sugiere que, ante la insatisfacción, lo que toca no son soluciones rápidas, sino interrogantes que nos devuelven al centro: «En lugar de buscar satisfacciones ligeras y actuar una parte ante los demás, es mejor que surjan preguntas más importantes: ¿quién soy verdaderamente? ¿qué busco? […] ¿por qué y para qué estoy en este mundo? […] ¿quién quiero ser ante Dios?» [2]. Tal vez el sentido no se encuentra como un objeto que se recupera, sino que comienza a tejerse cuando nos atrevemos a habitar estas preguntas desde el corazón, permitiendo que el vacío sea el espacio donde esa búsqueda, aunque dolorosa, pueda respirar.
Me gustaría saber si algo de esto resuena contigo en medio de este silencio, o si lo que has leído se siente todavía muy lejos de donde estás ahora.