¿Dios todavía me ama después de lo que he hecho?

Siento el peso de esa pregunta y el temor que la acompaña, y no quiero responder con prisa ni con palabras que suenen a consuelo fácil mientras tu corazón atraviesa esta angustia tan viva. Es un lugar de dolor profundo dudar del amor de Dios precisamente cuando más se necesita sentirlo, y quiero per

Siento el peso de esa pregunta y el temor que la acompaña, y no quiero responder con prisa ni con palabras que suenen a consuelo fácil mientras tu corazón atraviesa esta angustia tan viva. Es un lugar de dolor profundo dudar del amor de Dios precisamente cuando más se necesita sentirlo, y quiero permanecer contigo en esa oscuridad antes de intentar encender ninguna luz.

San Agustín describió una experiencia que resuena mucho con lo que parece estar pesando sobre ti ahora mismo:

«Mi corazón se había oscurecido de dolor, y cualquier cosa que miraba era muerte. Mi tierra natal se me había convertido en un suplicio, y mi casa paterna en una extraña infelicidad; y todo lo que había compartido con él, sin él se me había vuelto un tormento inmenso. Mis ojos lo buscaban por todas partes, y no se me concedía verlo; y odiaba todas las cosas porque no lo tenían, y ya no podían decirme "mira, vendrá", como cuando él estaba ausente en vida. Yo mismo me había convertido en un gran enigma para mí, y preguntaba a mi alma por qué estaba triste y por qué me turbaba tanto, y ella no sabía qué responderme. Y si me decía "espera en Dios", rightly no obedecía, porque aquel hombre a quien había perdido era más real y mejor que el fantasma en el que se me mandaba esperar» [1].

Agustín no fingió que esa oscuridad no existía, ni se apresuró a corregirla; reconoció que, en medio de ese dolor, incluso la oración podía sentirse como un fantasma comparado con la realidad de la pérdida y la culpa. Estar en ese lugar no significa que Dios te haya abandonado, aunque ahora mismo todo parezca decir lo contrario.

Benedicto XVI nos recuerda que, aun cuando no podemos comprender su silencio, la certeza de su amor permanece como un ancla:

«Aunque no comprendan en absoluto y se sientan confundidos por el mundo que les rodea, los cristianos siguen creyendo en la bondad de Dios y en su amor por los hombres. Aunque, como todos los demás, se vean envueltos en las vicisitudes más graves y complejas del mundo, permanecen firmes en la certidumbre de que Dios es Padre y de que nos ama, aunque no podamos entender su silencio» [6].

Tu pregunta nace de una herida real, y esa herida merece ser acogida con verdad y paciencia, no con respuestas que la apresuren. El hecho de que puedas formular esa pregunta, incluso desde el miedo y la culpa, es en sí mismo un signo de que algo en ti sigue buscando, sigue llamando, sigue confiando en que hay Alguien al otro lado de ese silencio.

Quisiera saber si estas palabras han tocado algo de lo que llevas dentro, o si hay algo más en ese dolor que necesites que escuche ahora mismo.

Estas son las palabras de los santos y de la tradición. Si esta también es tu pregunta, habla directamente con Faith — gratis, privado, sin necesidad de cuenta.
¿Tu respuesta al porqué?

Fuentes

  1. [1] Sanctus Aurelius Augustinus — Confessiones
  2. [2] Santa Teresa de Jesús — El Castillo Interior
  3. [3] Thomas à Kempis — De Imitatione Christi
  4. [4] Benedictus XVI — Deus Caritas Est
  5. [5] Santa Teresa de Jesús — El Castillo Interior
  6. [6] Benedictus XVI — Deus Caritas Est
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